Restaurantes

Valverde y Almeida cruzan dos islas en Palacio Ico

Víctor Valverde ejerció de anfitrión del chef de El Pellizco en una comida que reunió gamba de La Santa, cherne, batata del jable y cabra majorera

La cocina de Rigoberto Almeida, una de las propuestas más singulares que han surgido recientemente en Fuerteventura, llegó este domingo a la Villa de Teguise para participar en una nueva edición de Estrellas & Terroir, el ciclo gastronómico que organizan Palacio Ico y Saborea Lanzarote. El chef de El Pellizco, en Costa Calma, compartió fogones con Víctor Valverde, cocinero del establecimiento anfitrión, en un encuentro que permitió descubrir las afinidades y diferencias entre dos territorios insulares a través de sus productos y de dos maneras personales de interpretarlos.

Almeida, nacido en Cuba y descendiente de canarios, ha construido una cocina que encuentra buena parte de su inspiración en los vínculos históricos entre el Caribe y Canarias. Su restaurante, incorporado este año a la selección de recomendados Michelin, ha llamado especialmente la atención por el tratamiento de la cabra majorera, un producto tradicional al que ha sabido encontrar nuevas posibilidades culinarias.

Y fue precisamente la cabra la que marcó buena parte de su presencia en Lanzarote, aunque Palacio Ico no se limitó a recibir a un cocinero invitado: respondió con una propuesta propia, concebida por Valverde para la ocasión y con el producto lanzaroteño como protagonista.

De la cabra majorera a la gamba de La Santa

El encuentro comenzó con una charla de Rigoberto Almeida que permitió conocer su filosofía culinaria y algunas de las investigaciones que desarrolla en El Pellizco. El aperitivo, inicialmente previsto en el patio de Palacio Ico, tuvo que trasladarse al interior ante la amenaza de lluvia.

Llegaron entonces las primeras elaboraciones del chef majorero: trufa negra canaria, chicharrón de guiso de cabra y una selección de charcutería de cabra majorera. Una demostración de cómo una carne profundamente arraigada en el recetario tradicional puede adoptar formatos y tratamientos que habitualmente se asocian a otros productos.

Ya en el comedor, Víctor Valverde abrió el menú con una gamba roja de La Santa, hoja de limonero e higuera, una composición que situó uno de los productos marinos más apreciados de Lanzarote en el arranque del almuerzo.

Almeida respondió con una cesta de atún rojo, antes de que Valverde presentara su segundo plato: cherne con miso de millo y escabeche de mandarina. Una elaboración que incorporó técnicas y sabores de otras cocinas sin renunciar al protagonismo del pescado.

El chef de El Pellizco tomó nuevamente la palabra gastronómica con su tostador de cabra, prolongando el recorrido por las posibilidades de esta carne majorera.

La batata del jable y una cabra convertida en postre

El capítulo dulce mantuvo la alternancia entre los dos cocineros. Valverde recurrió a la batata blanca del jable, uno de los productos agrícolas más característicos de Lanzarote, mientras que Almeida cerró el menú con «La cabra», su particular postre elaborado a partir de la grasa y la carne del animal.

La bodega también habló en buena medida con acento lanzaroteño. El maridaje incluyó Liquen Parcela Tinasoria, Akaet Paraje 2024 y Moscatel Dulce La Geria, junto a las referencias Papaíno Jallos, de El Sordo, en Fuerteventura, y Conatvs 2025.

La selección permitió acompañar las distintas elaboraciones con vinos de ambas islas, incorporando al encuentro otro de los productos que mejor expresan las particularidades de sus paisajes agrícolas.

Palacio Ico, una mesa abierta a otras cocinas

Para Sonsoles López y Eduardo Riestra, propietarios de Palacio Ico, la visita de Almeida supone una nueva entrega de un proyecto que, desde hace tres años, busca acercar a Lanzarote otras maneras de entender la gastronomía y establecer relaciones entre cocineros de diferentes territorios.

En ese planteamiento, el trabajo de Víctor Valverde ocupa un lugar fundamental. El chef no se limita a acompañar las creaciones de los invitados, sino que diseña platos específicos para cada encuentro, utilizando la despensa lanzaroteña para establecer un diálogo entre cocinas.

Esta vez, la conversación transcurrió entre Fuerteventura y Lanzarote, con el Atlántico como escenario compartido y con una inesperada conexión cubana. La cabra majorera encontró compañía en la gamba de La Santa, el cherne y la batata del jable. Dos cocineros, dos territorios y una mesa en la que cada uno tuvo algo que contar.

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