Eso de pintar con vino
La artista Rufina Santana muestra en la Semana Malvasía una técnica que convierte el vino en pigmento y permite descubrir sus colores más allá de la copa
El vino puede beberse, catarse, olerse, estudiarse y, aunque no resulte tan habitual, también utilizarse para pintar. No es una ocurrencia reciente ni un simple entretenimiento relacionado con la enología. Existe una técnica pictórica que emplea el vino como materia colorante y que ha encontrado en Lanzarote una particular expresión gracias a la artista Rufina Santana, responsable de un taller que volvió a figurar este año en la programación de la Semana Malvasía.
La iniciativa, celebrada en anteriores ediciones y celebrada el miércoles 4 de noviembre en el Lanzarote Art Center de San Bartolomé, propone algo tan sencillo de explicar como poco habitual de practicar: sustituir los pigmentos convencionales por vino y explorar sus posibilidades sobre una superficie pictórica. Una manera diferente de aproximarse a un producto que en nuestra isla tiene una relación especialmente estrecha con el paisaje, la agricultura y la cultura.
Cuando el vino sustituye a la acuarela
Pintar con vino tiene sus particularidades técnicas. Los tintos, gracias principalmente a los pigmentos naturales de la uva conocidos como antocianinas, permiten obtener una gama de tonalidades que puede abarcar desde los rojos y violáceos hasta los marrones, grises y sepias. Los blancos ofrecen una paleta mucho más tenue, con matices amarillentos y ambarinos.
El procedimiento recuerda en algunos aspectos a la acuarela. El artista puede superponer aplicaciones del líquido para conseguir distintas intensidades, trabajar las transparencias y aprovechar los espacios sin pintar. La variedad de uva, la composición del vino y su evolución influyen en los resultados.
Pero existe una diferencia importante respecto a los materiales pictóricos convencionales: el color del vino no es completamente estable. La oxidación, la luz y el paso del tiempo pueden modificar sus pigmentos y, con ellos, la apariencia de la obra. Lo que comienza siendo una pincelada violácea puede evolucionar hacia tonalidades más apagadas o amarronadas.
Esa transformación constituye uno de los desafíos de la técnica y, desde una perspectiva artística, también una de sus singularidades. El material continúa cambiando después de que el pintor haya terminado su trabajo.
La pintura con vino cuenta con practicantes fuera de Canarias. Entre ellos, el artista José del Olmo, que ha desarrollado sus llamadas vinorelas, y la pintora serbia Sanja Jankovic, creadora de una técnica personal denominada Winerelle, inspirada en los procedimientos de la acuarela.
Rufina Santana y una tradición que comenzó en 2017
La relación de Rufina Santana con esta particular forma de pintar viene de lejos. Ya en noviembre de 2017 impartió una clase magistral en Bodegas El Grifo, dentro de la Semana Malvasía, en la que los participantes podían aprovechar el vino sobrante de una cata para experimentar con los pinceles.
La experiencia combinaba una aproximación a la cultura del vino, incluidas sus referencias grecolatinas, con la práctica artística. Posteriormente, el taller encontró continuidad en distintas ediciones de la Semana Malvasía y en el propio estudio de la pintora, integrado en el Lanzarote Art Center y la Fundación Curbelo Santana.
Santana, licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Barcelona, cuenta con más de cuatro décadas de trayectoria artística. Su trabajo, desarrollado en buena medida desde nuestra isla, mantiene una estrecha relación con la naturaleza y el territorio, una circunstancia que ayuda a entender su participación en una actividad que relaciona creación plástica y cultura vitivinícola.
En la edición de 2025, por ejemplo, el taller utilizó como referencia el Respiro Tinto, de Bodega Olivina, que acompañó una sesión donde la degustación y la pintura compartieron protagonismo.
Un paisaje que también se puede pintar
La propuesta adquiere especial sentido en Lanzarote. El vino que nace de nuestros viñedos es el resultado de una relación singular entre la intervención humana y un territorio de ceniza volcánica, escasas precipitaciones y vientos persistentes. Ese mismo paisaje que se reconoce en las formas de cultivo de La Geria puede convertirse también en motivo de inspiración artística.
La edición de este año invitaba precisamente a explorar colores, formas y texturas relacionados con el paisaje vitivinícola de la isla, bajo la dirección de Santana. Más que aprender a representar una botella o una copa, se trataba de descubrir las posibilidades expresivas de un material que habitualmente conocemos por sus aromas y sabores.
La actividad forma parte de la duodécima Semana Malvasía, organizada por el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Vinos de Lanzarote, que hasta el domingo 8 de noviembre desarrolla distintas propuestas relacionadas con la gastronomía, la cultura y el enoturismo.
Y quizá ahí resida lo más interesante de eso de pintar con vino: descubrir que un producto concebido para ser degustado también puede dejar una huella sobre el papel. Una huella que, como el propio vino, tiene su color, su evolución y su particular relación con el tiempo.


