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La memoria culinaria de Lanzarote se sirve en Timanfaya

Profesionales de restaurantes de la isla y de los Centros Turísticos recuperaron recetas del libro de Fefo Nieves en una cena a beneficio de doce entidades sociales

El caldo de millo con costillas de cochino, los pulpos compuestos con papas menúas, el potaje de garbanzos y fideos o el arroz con pollo Lola volvieron a una mesa muy especial. El restaurante El Diablo, en las Montañas del Fuego, acogió una cena en la que doce cocineros de Lanzarote recuperaron seis elaboraciones de la cocina popular de la isla, reinterpretadas para la ocasión en un menú degustación que combinó memoria gastronómica y solidaridad.

La propuesta, celebrada con motivo de la segunda gala Abrazando la Diversidad, tomó como punto de partida el libro Cocina Tradicional de Lanzarote, de Fefo Nieves Caraballo, una recopilación de 164 recetas que permite asomarse a los fogones de generaciones de familias lanzaroteñas.

Seis profesionales de restaurantes de la isla compartieron cocina con otros tantos compañeros de los Centros de Arte, Cultura y Turismo (CACT). Seis parejas, seis elaboraciones y un mismo propósito culinario: recuperar platos reconocibles de nuestra gastronomía y ofrecerles una lectura actual sin perder de vista sus orígenes.

Del caldo de millo a los pulpos compuestos

Pedro Santana, de Casa Brígida, y José Manuel Gil, de Montañas del Fuego, asumieron la elaboración del caldo de millo con costillas de cochino, una de esas preparaciones que hablan de la cocina de aprovechamiento y de los productos que durante décadas sostuvieron la alimentación de muchas familias de Lanzarote.

Iván Dini, del Mirador de Las Salinas, y David Alayón, de la Casa Museo del Campesino, se encargaron del potaje de garbanzos y fideos, mientras que Maikel López, del Chiringuito Tropical, y Ángel Morales, de Jameos del Agua, prepararon el arroz con pollo Lola.

Tampoco faltaron los pulpos compuestos con papas menúas, una de las recetas más características de la tradición marinera insular. Su elaboración correspondió a Orlando Ortega, de Lilium, y Pedro García, del Jardín de Cactus.

Germán Blanco, de Brisa Marina, compartió fogones con Natividad del Pino, del restaurante del Castillo de San José, para preparar pescado frito con cebolla, mientras que Gonzalo Calzadilla, del restaurante César Lanzarote, y Nicolás Appleby, del Bar Picasso-El Almacén, completaron los platos principales con carne de cochino con papas.

La selección tenía una particularidad: lejos de recurrir a ingredientes exóticos o elaboraciones ajenas al territorio, los cocineros trabajaron sobre un recetario doméstico y popular. El millo, los garbanzos, el pescado, el pulpo, el cochino y las papas regresaron a la mesa desde el conocimiento técnico y la experiencia de profesionales acostumbrados a otras exigencias de la restauración.

Truchas de batata, mantecados y mimos

La repostería también encontró su espacio en el menú. Ayoze Luis se ocupó de los mantecados y mimos, mientras que Jessica Morales y Arany Ramos, de la Pastelería Arjery, elaboraron las tradicionales truchas de batata.

Un cierre que prolongó el recorrido por la memoria culinaria de Lanzarote hasta su vertiente más dulce, con preparaciones estrechamente vinculadas a las celebraciones familiares y al recetario repostero de la isla.

La gastronomía al servicio de doce entidades sociales

La cena tuvo, además, una finalidad benéfica. La segunda edición de Abrazando la Diversidad, organizada por el Cabildo de Lanzarote, contó con aportaciones económicas de quince empresas destinadas a respaldar el trabajo de doce asociaciones de Lanzarote y La Graciosa.

Las entidades beneficiarias fueron Calor y Café, AFOL, Mararía, Flora Acoge, ALANEM, AFIBROLAN, Sentirte, Esperanza y Vida, APSAL, La Vida Zuaina, AFACODA y Manos que no dais, que desarrollan su actividad en diferentes ámbitos de atención y acompañamiento social.

La cita permitió reunir en una misma cocina a profesionales de distintos establecimientos de Lanzarote alrededor de un patrimonio gastronómico que, antes de llegar a las cartas de los restaurantes, se había transmitido durante generaciones en los hogares de la isla.

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