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Diario gastronómico de Lanzarote y La Graciosa
Diario gastronómico de Lanzarote y La Graciosa

Lanzarote salió anoche de El Sauzal con dos nombres propios sobre la mesa: Brisa Marina y Luna Zacharias. La 41ª edición de los Premios Nacionales de Gastronomía de Diario de Avisos dejó un palmarés amplio, con reconocimientos para distintas islas y para proyectos nacionales, pero desde la mirada conejera la lectura es bastante clara: la isla volvió a demostrar que su gastronomía ya no vive solo de promesas o intuiciones, sino de trayectorias reconocibles.
El premio más rotundo para Lanzarote fue el de Mejor Restaurante, concedido a Brisa Marina, en Playa Blanca. Pocas casas explican tan bien una parte de la cocina de la isla: producto marino, oficio, regularidad, clientela fiel y una manera de entender el restaurante sin necesidad de forzar el discurso. En tiempos en los que casi todo parece necesitar relato añadido, Brisa Marina recibió un premio que reconoce justo lo contrario: el valor de sostener una identidad durante años.
El restaurante abierto por Juan Cabrera, Juan el Majorero, hace casi 40 años, pertenece a esa categoría de establecimientos que han construido prestigio más por acumulación de comidas felices que por golpes de efecto. Su cocina ha estado siempre pegada al mar, a la lonja, al pescado tratado con respeto y a una hospitalidad reconocible. Anoche, ese trabajo encontró una foto pública en forma de galardón que recibió el propio Cabrera acompañado por el chef ejecutivo, Germán Blanco.
La segunda gran noticia lanzaroteña llegó con Luna Zacharias, distinguida como Embajadora de la Gastronomía Canaria en el Mundo. Desde Soo, su proyecto y su figura han defendido una cocina conectada con el producto cercano, la sostenibilidad, la alimentación consciente y una manera muy personal de mirar Canarias desde el plato. Y, por añadir, su capacidad para llevar el nombre de Lanzarote fuera de la isla resulta indiscutible. Ahora también el de Canarias.

Que Playa Blanca y Soo aparezcan en el mismo palmarés tiene algo de fotografía interesante. Por un lado, una casa marinera consolidada, ligada al sur turístico y a la cocina de producto. Por otro, una voz más contemporánea, nacida en un entorno que rezuma sector primario e invita a la sensibilidad slow food. Dos caminos distintos que terminan hablando de lo mismo: Lanzarote como despensa, como paisaje y como marca gastronómica cada vez más reconocible.
La gala fue conducida por Aarón Gómez con un humor medido, útil y por momentos inteligente. Ayudó a que los premios caminaran con ritmo y dejó espacio a quienes tenían que ocuparlo: los galardonados.
También hubo un momento especialmente fino en la intervención de José Luis Conde, presidente del Jurado. Fue breve, pero dejó una reflexión necesaria sobre los riesgos que atraviesa la comunicación gastronómica y sobre un futuro que ya no permite demasiadas ingenuidades. En un sector donde conviven información, promoción, influencia y ruido, sus palabras sonaron oportunas.
El cierre artístico lo puso la pianista y soprano japonesa Satomi Morimoto, con una actuación corta y brillante.
El grupo mediático que dirige con acierto Lucas Fernández, remató la noche con la habitual fiesta en la plaza de El Sauzal.