Entre ellos figuran la Gran Medalla de Oro para Martinón Blanco, de Bodegas Martinón, y para Timanfaya Malvasía Dulce Natural, de Bodegas Timanfaya

La mirada general de Agrocanarias 2026 deja dos grandes vencedores tinerfeños, Pico Cho Marcial Tinto y Flor de Chasna Blanco Naturalmente Dulce, elegidos ex aequo como Mejores Vinos de Canarias. Pero leída desde Lanzarote, la noticia tiene otro ángulo relevante: la DOP insular vuelve a situarse en el mapa de calidad del vino canario con cinco reconocimientos en una edición especialmente competida, en la que participaron 251 producciones de 65 bodegas y se concedieron 71 premios.

Lanzarote acudió al certamen con 17 muestras de nueve empresas, una representación significativa para una denominación que sigue defendiendo una identidad muy marcada dentro del Archipiélago: viñedos cultivados en condiciones extremas, paisaje volcánico, trabajo manual, variedades singulares y una forma de hacer vino inseparable de la tierra. En el reparto final de galardones, la DOP Lanzarote obtuvo cinco premios, por detrás de denominaciones con mayor volumen de muestras como Abona, Islas Canarias, Valle de Güímar, La Palma o Tacoronte-Acentejo.

El resultado más destacado para la isla llegó con las Grandes Medallas de Oro concedidas a Martinón Blanco, de Bodegas Martinón, dentro de la categoría de blancos tranquilos de la vendimia 2024-2025, y a Timanfaya Malvasía Dulce Natural, de Bodegas Timanfaya, en el apartado de malvasías dulces. Dos premios que refuerzan líneas muy reconocibles del vino lanzaroteño: por un lado, la solvencia de sus blancos; por otro, el enorme valor patrimonial y sensorial de la malvasía volcánica.

El palmarés lanzaroteño se completó con tres Medallas de Oro. La Florida, de Agrícola La Florida, y Lágrima de Malvasía Volcánica, de Producciones Arráez Bravo, fueron reconocidas entre los blancos tranquilos de la vendimia 2024-2025. Además, Martinón Afrutado, de Bodegas Martinón, obtuvo también Oro en la categoría de vinos semidulces.

Más allá del número de medallas, el resultado tiene una lectura clara para Lanzarote. La isla no necesita competir desde el volumen, sino desde la singularidad. Su fuerza está en una viticultura que convierte la dificultad en identidad: el rofe, los hoyos, los muros de piedra seca, el viento, la escasez de agua y una vendimia que sigue hablando de esfuerzo y paisaje. Cada premio confirma que esa manera de cultivar no es solo una imagen poderosa para el turismo, sino una base real para elaborar vinos capaces de medirse con el resto de Canarias.

Agrocanarias 2026 vuelve a demostrar que el vino canario atraviesa un momento de madurez, pero también que Lanzarote mantiene un discurso propio dentro de ese crecimiento. Sus reconocimientos no son anecdóticos: consolidan a la isla como una referencia en blancos, malvasías y elaboraciones de fuerte personalidad. En un certamen donde el listón fue alto y la participación creció respecto al año anterior, la DOP Lanzarote sale reforzada con una idea sencilla: su paisaje no solo se contempla, también se bebe.